Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo
JL Borges.
sábado, 6 de octubre de 2012
lunes, 27 de agosto de 2012
Que si existe el cielo, que bien, que detalle...
Cambié de lado, de color, de tamaño. Cuando camino escucho música que canto a grito herido, a grito alegre. Vuelvo, de frente, con algunas palabras que decir, con algunos besos que dar, con muchas ganas de escuchar. Quiero salir a recorrer esta noche, todas las noches, del brazo de quien me quiera acompañar. Para encontrarnos solo basta perder la brújula, también el mapa. Y por ahí Andrés me habla de los juegos de manos, la mano en la pierna, la pierna que no se apartó. Y yo quiero ser esa pierna y esa mano, y quiero no apartarme, por un buen tiempo, permanecer así. Ver la lluvia y el humo y tener la certeza que el mundo sucede cuadro a cuadro, en cámara lenta, toda una celebración de lo atemporal. Solo falta ver, quedarse pegado a la imagen de ese arbolito en la montaña, del sol que se oculta, del cielo camaleónico. Contemplar las sombras, lo que se ve entre rama y rama cuando levantas la cabeza. Y así soportar la entrada diaria a las 7:30am, la embarazada workmate que me detesta, a mi jefe que es toda una madre, al almuerzo sin sabor. Ponerme de nuevo los audífonos, subir el volumen y volver a ver el mundo len-ta-men-te.
Y así, cada día. Cada noche.
martes, 3 de julio de 2012
Para X.
Que el único seguidor [proclamado-y más por rebeldía que por voluntad, según mi teoría-] de esta casa, tenga sus tres blogs bloqueados para que alguien como yo los vea me hace sentir cierto horror vacui.
Piedad.
Piedad.
miércoles, 30 de mayo de 2012
En la sala de lecturas del infierno
En la sala de lecturas del Infierno En el clubde aficionados a la ciencia-ficción
En los patios escarchados En los dormitorios de tránsito
En los caminos de hielo Cuando ya todo parece más claro
y cada instante es mejor y menos importante
Con un cigarrillo en la boca y con miedo A veces
los ojos verdes Y 26 años Un servidor
R. Bolaño
sábado, 26 de mayo de 2012
Yo tengo para ti mi buen amigo
- Yo tengo para ti mi buen amigo
un corazón de mango del Sinú
oloroso
genuino
amable y tierno
(Mi resto es una llaga
una tierra de nadie
una pedrada
un abrir y cerrar de ojos
en noche ajena
unas manos que asesinan fantasmas)
Y un consejo
no te encuentres conmigo.
Raúl Gómez Jattin
sábado, 25 de febrero de 2012
martes, 17 de enero de 2012
Segundo
Qué hago con esta colección de silencios que me aturden?
Qué hago con este exceso de soledad?
Si decirlo todo era el principio del final, no decir nada será el final?
Coda narcisista:
Hoy me corté el cabello y me pinté las uñas rojo cereza al marrasquino.
Me siento bonita y triste.
Es algo como estar radiante y jodido, todo al mismo tiempo.
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montón de nada
martes, 10 de enero de 2012
Ese muerto no lo cargo yo
-Relato de un sueño-
Siempre había cargado mi navaja al cinto, cambiaba de navaja según el estado de ánimo. En un diciembre me regalé de “traído” una mariposa, de esas que utilizan los pandilleros chinos o utilizaban, porque ahora los infantes más desamparados disfrutan de Pietro Berettas y Sig Sauers y yo si acaso tuve una pistolita de agua comprada al escondido, en fin, porté mi navaja de matarife chino hasta que decidí dejarla guardada cuando una noche de alcohol estuve tentado a propinarle varias puñaladas a un viejo conocido solo por burlarse de mi nariz -mi objeto principal de seducción y conquista-, además tampoco es justo regalársela a la policía.
Gracias a las bondades etílicas de juntar individuos con las mismas tendencias, esa noche éramos siete, luego fue amanecer y éramos veintitrés y cuando el sol casi llegaba a su punto más alto éramos no se cuantos. Unos llegaron sin invitación porque no la necesitaban, otros llegaron pegados de los conocidos y otros pegados de los pegados; pero como tantas veces he sido pegado de los pegados entonces casi todos fueron bienvenidos. Se presentaron varias mujeres con el factor común de haber sido amantes mías y así protegidas y amadas por el resto de mi vida o por lo menos hasta que Don Alts Heimer deje, constantemente estaban bajo mi observación -como todo lo que es de mi propiedad- cuando repentinamente noté un sutil acoso, era uno de los malvenidos en un movimiento atrevido contra una de ellas, hecho que me puso totalmente alerta y envió mi mente de vuelta a la sobriedad, traté de hacerle el seguimiento pero en un mínimo descuido, mientras estaba pendiente del resto, noté la escena que nunca hubiera querido presenciar, acto que debe ser castigado con cadena perpetua, castración, mutilación de pene, salpicadura con ácido en los ojos, arrancamiento de uñas con alicate y finalmente empalamiento.
Semejante malvenido tan insolente, después estar en mi casa sin invitación personal y tomándose mi licor, osa abusar de una de mis protegidas. Ese animal necesitaba castigo severo, más que la simple expulsión. Inmediatamente puse en marcha un plan sacado de la fila del presidio, donde el afectado no se entera de lo ocurrido hasta que se descubre en el piso con manchitas rojas en el costado. Pedí la colaboración de dos de mis bienvenidos de confianza que no hicieron preguntas innecesarias y fui por mi querida mariposa que estaba celosamente guardada esperando el momento.El malvenido fue distraído mientras yo abría mi mariposa, tímida y lentamente, para que su deslumbrante brillo no se convirtiera en alertador grito y así, en un abrazo a mi malvenido, terminó todo de la forma mas común, tanto que nadie lo notó, nadie preguntó por nadie.
Horas después desperté en mi cama sin sábana, con un sentimiento desgarrador: algo había salido mal. Cuando volví en mí completamente recordé lo ocurrido, encontré mi querida mariposa pero aún no hallaba mi sábana y no tenía idea del paradero de su contenido; supuse que mis queridos bienvenidos cómplices habían visto tantas películas de mafiosos como yo y habían hecho lo propio con el maldito malvenido, entonces quedé tranquilo y puse una sábana limpia. Dos días después, todavía tenía una mala sensación, para mitigarla, fui a la nevera por las últimas gotas de vodka que suponía los no se cuantos iban a respetar pero no lo hicieron, con rabia di la vuelta y noté la estufa desplazada hacia adelante, seguramente alguna pareja la utilizó como altar de sacrificio para ejecutar a las buenas costumbres celebrando cualquier acto sexual. Empujé la estufa hacia atrás pero algo se interponía en el camino, era mi maldito malvenido envuelto en mi sábana blanca ahora con múltiples flores de sangre marrón. Allí yacía ese demonio como crisálida por culpa de mi mariposa.
Llamé a uno de mis bienvenidos con camioneta grande y me dispuse a atalajar bien la maldita pupa para evitar derrames durante el transporte hasta la “cola del zorro”, colina por la que rodaría hasta ser recibido por cualquier arbolito habitante del lugar. Durante el primer apretón la pupa gritó pasivamente, pero las pupas muertas no gritan. En ese instante respiré profundo y el malestar que había sufrido por tres días desapareció.
SCR
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