miércoles, 31 de diciembre de 2014
miércoles, 3 de diciembre de 2014
Cesar Vallejo
Hay ganas de volver, de amar, de no ausentarse,
y hay ganas de morir, combatido por dos
aguas encontradas que jamás han de istmarse.
Hay ganas de un gran beso que amortaje a la Vida,
que acaba en el áfrica de una agonía ardiente,
suicida!
Hay ganas de... no tener ganas. Señor;
a ti yo te señalo, con el dedo deicida:
hay ganas de no haber tenido corazón.
La primavera vuelve, vuelve y se irá. Y Dios,
curvado en tiempo, se repite, y pasa
a cuestas con la espina dorsal del Universo.
Cuando, las sienes tocan su lúgubre tambor,
cuando me duele el sueño grabado en un puñal,
hay ganas de quedarse plantado en este verso!
domingo, 2 de noviembre de 2014
Ain't nobody's problem
Domingo 10:15am. Me siento en el balcón, chismoseo qué se ve por las ventanas de los vecinos: nada. Analizo los árboles, cuento dos cucarrones negros, una mariposa amarilla y alrededor de 4 alicángaros. Sopla viento. Da el sol. Tomo café, le hablo a mis dos suculentas, amorosamente sembradas en poliedros blancos. La ciudad amanece tranquila. Allá, arriba, la montaña está coronada de nubes grandes y blancas, encima de las nubes un cielito azul. Es el mar al revés, bañando la montaña, bañándonos.
Dicen que los domingos se parecen a la muerte. Dicen que los domingos llegan con lluvia, nubes grises y penas. Dicen tantas cosas. Si estuvieras sentado en mi balcón pensarías que no está tan mal. Claro, tienes razón, a esta hora es difícil ver que algo va mal, falta que llegue el resto del día, con su laberinto de pensamientos, su palabra requemada, su rutina consabida pre-lunes. Claro, mañana es festivo, dirás, es cierto, quizá el domingo lo sabe y muestra hoy otra cara, no aquella de la que hablaba Julio: ¿Qué clase de paseo va a ser este si me basta mirarte para saber que con vos me voy a empapar el alma, que se me va a meter el agua por el pescuezo y que los cafés olerán a humedad, y casi seguro habrá una mosca en el vaso de vino?
Quizá solo sea mi inútil propensión a la esperanza, mi manía de olvidar tantas cosas, malas y buenas. Hoy funciona. Hay una silla vacía a mi lado, ¿vienes?
Música de fondo: All of me // Billie Holiday.
Reconvexo // Caetano Veloso
Ain't nobody's problem // The Lumineers
sábado, 1 de noviembre de 2014
Desencuentros
Ah desdichados padres
Cuánto desengaño trajo a su noble vejez
el hijo menor
el más inteligente
En vez de abogado respetable
marihuano conocido
En vez del esposo amante
un solterón precavido
En vez de hijos
unos menesterosos poemas
¿Qué pecado tremendo está purgando
ese honrado par de viejos? ¿Innombrable?
Lo cierto es que el padre le habló en su niñez de libertad
De que Honoré de Balzac era un hombre notable
De la Canción de la vida profunda
Sin darse cuenta de lo que estaba cometiendo
Cuánto desengaño trajo a su noble vejez
el hijo menor
el más inteligente
En vez de abogado respetable
marihuano conocido
En vez del esposo amante
un solterón precavido
En vez de hijos
unos menesterosos poemas
¿Qué pecado tremendo está purgando
ese honrado par de viejos? ¿Innombrable?
Lo cierto es que el padre le habló en su niñez de libertad
De que Honoré de Balzac era un hombre notable
De la Canción de la vida profunda
Sin darse cuenta de lo que estaba cometiendo
//Raúl Gómez Jattin//
miércoles, 24 de septiembre de 2014
De Malagana
Malagana.
(De mala, f. de malo, y gana).
1. f. coloq.
Desfallecimiento, desmayo.
Malagana
es olvidar la letra de tu canción favorita, de cualquier canción. Olvidar los versos que más te gustaron, que
te cambiaron. Malagana es salir de tu
casa (por Arenales, lo de siempre) descubrir
que dejaste el paraguas encima de la cama y que empiece a llover. Malagana es despertarse antes que el sol y
acostarse antes que la luna. Malagana es
que tus zapatos no combinen con la camisa que elegiste el día de hoy para
salir, malagana es que te des cuenta cuando un espejo se cruza en tu camino y
que además veas que estas despeinada luego de estar encerrada dos horas con más
personas. Malagana es cometer errores
estéticos, morales y gramaticales.
Malagana
es que te llamen Catalina, no es tu nombre. Que tu mamá te diga Santiago porque
así se llama su primogénito, no eres su primogénito. Malagana es no tener palabras. Malagana es
tener muchas palabras y que no te entiendan.
Malagana es saber muchas cosas inútiles que los demás no saben y que
siempre te toque explicarte. Malagana es
que el sofá que compraste no pase por las escaleras de tu apartamento, que los
amores encontrados en el camino no perduren, solo arden. Malagana es sentirse
adolescentemente incomprendido a tus casi 30. Malagana es no haber leído más
libros, que la hamburguesa que pediste sin salsas llegue repleta de salsas. Malagana es encontrar una fila india de
hormigas (una-fila-de-hormigas-indias) del baño a la habitación.
En
fin, tomarse una cerveza caliente, eso es Malagana.
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