Domingo 10:15am. Me siento en el balcón, chismoseo qué se ve por las ventanas de los vecinos: nada. Analizo los árboles, cuento dos cucarrones negros, una mariposa amarilla y alrededor de 4 alicángaros. Sopla viento. Da el sol. Tomo café, le hablo a mis dos suculentas, amorosamente sembradas en poliedros blancos. La ciudad amanece tranquila. Allá, arriba, la montaña está coronada de nubes grandes y blancas, encima de las nubes un cielito azul. Es el mar al revés, bañando la montaña, bañándonos.
Dicen que los domingos se parecen a la muerte. Dicen que los domingos llegan con lluvia, nubes grises y penas. Dicen tantas cosas. Si estuvieras sentado en mi balcón pensarías que no está tan mal. Claro, tienes razón, a esta hora es difícil ver que algo va mal, falta que llegue el resto del día, con su laberinto de pensamientos, su palabra requemada, su rutina consabida pre-lunes. Claro, mañana es festivo, dirás, es cierto, quizá el domingo lo sabe y muestra hoy otra cara, no aquella de la que hablaba Julio: ¿Qué clase de paseo va a ser este si me basta mirarte para saber que con vos me voy a empapar el alma, que se me va a meter el agua por el pescuezo y que los cafés olerán a humedad, y casi seguro habrá una mosca en el vaso de vino?
Quizá solo sea mi inútil propensión a la esperanza, mi manía de olvidar tantas cosas, malas y buenas. Hoy funciona. Hay una silla vacía a mi lado, ¿vienes?
Música de fondo: All of me // Billie Holiday.
Reconvexo // Caetano Veloso
Ain't nobody's problem // The Lumineers
No hay comentarios:
Publicar un comentario